Se realizó en San Isidro un encuentro y misa por las víctimas de abuso y maltrato infantil

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    La celebración religiosa fue presidida por el obispo Oscar Ojea quien en su homilía expresó que la verdadera sanación de la víctima comienza cuando puedo romper y exteriorizar ese terrible secreto que mantiene con su abusador. La misa fue pedida por Rufino Varela, que abusado cuando era un niño, pudo contar recién ahora su flagelo y busca concientizar sobre este angustioso problema que afecta a muchos niños y adultos.

    La Cruzada Francisca, que lleva adelante Rufino Varela, tuvo su primer  encuentro el viernes 10 de marzo en la plaza Mitre de San Isidro donde gran cantidad de público se congregó para manifestarle su apoyo sobre su objetivo de concientizar acerca del terrible flagelo que sufren aquellos que han sido abusados y maltratados durante la infancia.

    Varela, quien hizo público su caso a través de los medios de comunicación, ocurrido cuando era un niño, se propone ahora ayudar a quienes han pasado por el mismo calvario.

    Luego del encuentro, se celebró en la Catedral de San Isidro una misa por las víctimas del abuso sexual y maltrato infantil oficiada por el obispo Oscar Ojea.

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    El oficio religioso, que buscó afianzar el compromiso y unirse espiritualmente a quienes sufren este flagelo, fue concelebrado por el obispo auxiliar,  Martín Fassi, el sacerdote Máximo Jurcinovic, el Superior provincial de los Pasionistas, Carlos Saracini y por otros sacerdotes cercanos a Varela.

    “Viene a cubrir un vacío, viene a dar un lugar discreto y de escucha a quienes después de años y años logran romper el silencio y aliviar el dolor que este silencio provoca. El abuso está. Tenemos que luchar. No tenemos que tener miedo a hablar”, dijo Varela.

    En su homilía monseñor Ojea, manifestó que: “Cuando el débil puede salir de esa red de silencio al que lo obliga el poderoso; ese secreto pactado para comprimir a la criatura cuando puede hablar, cuando puede expresarse, cuando puede decir qué ha pasado, decírselo a sí mismo y decirlo a los demás, comienza la verdadera sanación”.

    Hacia el final de su mensaje el Obispo expresó: “La violencia, uno de los males más tremendos del mundo en que nosotros vivimos, uno de los cánceres del mundo en que vivimos. Hay que poder vencer esas redes de silencio familiares e institucionales, redes que se han tendido para oprimir y obligar al secreto. El hablar, el expresarse, es también un clamor de justicia. Una justicia exigida en reparación de aquel que ha sufrido una violación semejante; una justicia exigida por la misma naturaleza”.

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    Cabe destacar que esta misa afianza el camino propuesto en la Diócesis por Monseñor Ojea, a través del que se busca asumir, pedir perdón y reparar el daño sufrido a las víctimas del abuso sexual y el maltrato infantil, fortaleciendo al mismo el compromiso por promover una cultura del cuidado de los niños y adolescentes.

     

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