Divertidos y emotivos relatos de narradores en San Isidro

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    Los narradores en el HCD de San Isidro

    Los alumnos de la Escuela de la Palabra, taller que dirige Graciela Deza, narraron relatos autobiográficos y cuentos en el Concejo Deliberante de San Isidro.

    El recinto de sesiones del Concejo Deliberante de San Isidro estuvo abarrotado de un público de todas las edades.

    El motivo de tan numerosa asistencia no era otro que el acudir a una velada donde el protagonismo lo tenían las historias contadas sin ningún otro complemento que la voz y el cuerpo de los alumnos de la Escuela de la Palabra.

    No hacía falta más; solos, con un micrófono en la mano e iluminados por unos focos que los señalaban con su luz, diez hombres y mujeres fueron relatando de memoria diversos relatos propios y ajenos.

    Cada narrador expuso su historia
    Cada narrador expuso su historia

    El contar cuentos, historias o hazañas, con más o menos verdad, ha sido un entretenimiento que la humanidad ha practicado desde tiempos remotos. También ha sido una manera de transmitir valores, de aprender y de conformar una comunidad.

    En tiempos donde parecería que sin varios aparatos tecnológicos no se puede salir ni a la calle, el contar cuentos, leer e ir compartiendo lecturas, se presenta como una actividad hasta cierto punto transgresora ya que permite viajar, conocer, aprender y comunicarse muy económicamente y sin más complemento que esos mundos escritos.

    Los relatos fueron divertidos y algunos, emotivos
    Los relatos fueron divertidos y algunos, emotivos

    Así lo entiende Graciela Deza, directora y creadora de una escuela con sedes en San Isidro y en la ciudad de Buenos Aires, donde a través del juego y diversas técnicas expresivas, se cultiva el arte de memorizar, contar y transmitir historias de todo tipo.

    Ella se refiere a sus alumnos como narradores urbanos: “Los narradores son casi más antiguos que los actores. Es la tribu, el narrador frente al fuego. Es una movida que viene contrarrestando tanta virtualidad”.

    Graciela valora el contacto cuerpo a cuerpo, la transmisión y conservación de vivencias y “el volver a recuperar la lectura como un arte”.

    Los narradores estuvieron de cara un público que disfrutó, rio y se emocionó. Gachy Ardanaz, que sorprendió con el relato de una mujer que acribilla a tiros al marido y a la amante de éste, contaba feliz después de cerrar el acto, lo mucho que disfruta y aprende en los cursos.

    “Siempre quise contar cuentos. Es un crecer permanente, porque nos estimula la lectura, a averiguar cuentos a probar a contactar interiormente que es lo que nos resuena “.

    El acto terminó con los participantes abrazados y saludando a amigos y familiares y aplaudiendo a su maestra. Dejaron una imagen en la retina de los espectadores, de unión y un clima en el ambiente cargado de buena onda.

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